domingo, 15 de diciembre de 2013

Tragedia

Simplemente recuerdo tus ojos. Tus ojos en el metro, sabía que no volvería a verte, por eso te pedí que te acercaras, te dije que me gustaban tus ojos. Mentí. Es lo que más amo de ti. Ahora aprendí a amarlos. Entonces aún te amaba como estúpida, como adolescente encantada con el primer amor, pero era más, era una locura que ni yo misma me creía. Tal vez porque no llegaba a creerlo es que lo arruiné todo. O quizás solo debía admirar tus ojos por algunas semanas antes de que se esfumaran de mi vida, por esas pocas semanas en las que los míos también fueron lindos, por lo menos sentí que te gustaba la manera en que te miraba. Pocos días.

Los hombres, de alguna forma hacen todo de tal forma en que parezca que una arruina todo. Una mujer enamorada decora todo de sentimentalismos. Luego de irme y dejar tus bellos ojos colgados en algún rincón de mi cerebro, empecé a detestarme por lo melosa que me había puesto, algo tan odiado por mí. Tú sacabas eso que se supone que es bueno, pero que a mí me da pavor. Antes de sentir amor, quizás preferí salir corriendo con frases, y tú agravaste el problema. Tal vez…

Te di un beso en la mejilla, un cobarde beso en la mejilla. Tal vez tenía miedo de que no aceptaras un beso en tu boca. Ahora ni siquiera recuerdo cómo eran tus besos, ni de cómo era tu boca, apenas tengo tu voz en mi cabeza. Me agrada que cada vez más seas un fantasma, me agrada que cada vez seas más nada. Sentí cómo odiaste ese beso en la mejilla, cómo odiabas mi escena de despedida romántica y estúpida. Era obvio que no querías verme. Era obvio que querías que me alejara lo antes posible de tu vida. Y era obvio que yo necesitaba que me dijeras que me quedara. No lo hiciste, no era lo que querías, querías que la loca que estaba parada frente a ti a punto de tomar el metro lo tomara lo antes posible, volver a tu casa, agarrar la maldita guitarra, o la maldita batería y eso. Recordar a tu propio fantasma, porque la vida de las personas está llena de fantasmas, recuerdos de personas que jamás volverán en esta vida, que te tortura el saber que no regresarán. Y en el fondo sentí que yo era un escape y un encuentro con tu fantasma. Felicidades, me hiciste mierda en tan poco, tratabas de que yo me pareciera a ella, pero entiende, no hay nadie menos parecida a ella que yo.

En el fondo ya sabes cómo soy. Y arrancaste. Y acá estoy yo tratando de borrar cada cosa de ti y de tu existencia en mí.

Todas las cosas tienen un génesis, un origen, un comienzo. Esto no tiene excepción. Mi memoria es algo mala y no recuerdo tantos detalles. Por un parte esto es bueno. Necesito una mente así para borrar muchas cosas, pero debe quedar lo importante, lo que aprendiste.

Bien, creo que hubo un poco de efecto dominó, uno que se demoró muchos años antes de que mi mente estúpida cayera rendida ante tus ojos. Y aquí vuelvo al punto donde empecé este triste monologo. Tus putos ojos. La tragedia.


(Tomado de algún recuerdo de alguna persona)

No hay comentarios:

Publicar un comentario